Quienes Somos
Primera Etapa: Ascenso Cº Plata - 1 al 8 de febrero de 2008

Relato de Carlos Dobal.

Comienza la aventura con el encuentro en Mendoza con los compañeros de excursión. Nos vamos conociendo y contando cosas de cada uno, intercambiando información que continuará durante toda la próxima semana, en cada cena, descanso y encuentro obligado en la carpa.
El ambiente de montaña hace que compartamos experiencias e intimidades que nunca nos hubiéramos animado a contar.
Nos trasladamos al refugio San Bernardo, en Vallecitos,  a 2792 m.s.n.m., donde Caqui nos atiende y alimenta de lo mejor.
Al día siguiente estiramos las piernas subiendo los cerros de La Cadenita: Lomas Blancas, Estudiante y Cáucaso (de 3656, 3782 y 3796 m).
Después de nuestra segunda noche en el San Bernardo, subimos a Piedra Grande (3577 m) donde acampamos en nuestra primera noche de carpa. Los guías Damián y Jorge  son campeones preparando la comida en condiciones mínimas, consiguiendo platos exquisitos y sustanciosos que nos alimentan acorde a las exigencias del ambiente.
Seguimos subiendo por El Infiernillo (nunca un nombre de picada tan bien puesto!),  hasta el campamento de altura semipermanente Salto de Agua (4295 m) atendido por Don Rolo, sabedor de todos los cambios de clima de  las montañas de la zona. Permanecemos dos noches en las carpas  para ambientar nuestros cuerpos a la altura, mientras la comida continúa siendo  de excelencia, y para nuestro mayor asombro, "variada".
En el día libre, desde El Salto hacemos un porteo de víveres hasta La Hollada para disponer de ellos en los próximos días.
Al siguiente día subimos con las carpas a La Hollada (4662 m) que será nuestro campamento de mayor altura. Esa noche nos acompaña una muy fuerte nevada que cambia por completo el paisaje. Nos levantamos muy temprano para intentar hacer cumbre en el Plata (5959 m.s.n.m.), pero las condiciones de subida que nos impone la nieve caída y el clima que se cierra cada vez más, nos obligan a detener el ascenso a los 4992 m, en cercanías del Portezuelo Plata-Vallecitos; previa consulta con Jorge y con cada uno de nosotros Damián toma la sabia decisión de descender al campamento en La Hollada, quedando para otra oportunidad nuestro sueño de hacer cumbre en el imponente Plata.
El La hollada decidimos desarmar campamento y descender los 2000 metros de desnivel que nos separa del refugio San Bernardo en Vallecitos, donde llegaremos luego de todo un día de marcha bajo intensa nevada y lluvia, con el cansancio en el cuerpo e increíbles experiencias y paisajes acumulados durante la última semana. Para todos nosotros (Carolina, Juan, Sergio, Topo, Diego, Marcos, Daniel, Adrián, Hernán y Carlos) esta semana estará entre las más intensas que hayamos vivido.
Un comentario especial para Caro, alemanita de 16  años que nos acompañó y se adaptó perfectamente con hombres grandes, y nos apabulló con su vitalidad y capacidad para subir casi sin esfuerzo cualquier montaña.
Nuestro agradecimiento a Jorge y Damián. Jorge es el mejor organizando la expedición para que no falte nada y la pasemos de lo mejor. Damián  fue nuestro  Guía de Montaña y su profesionalismo, conocimientos y experiencia nos transmitieron la seguridad que el ambiente de montaña parece retacear. Además fue admirable el esfuerzo y dedicación que pusieron para el éxito de la expedición y el bienestar y seguridad de todos.
Nos vemos en la próxima… Carlos

Refugio San Bernardo
La Hollada
Refugio San Bernardo

 

Segunda Etapa: Ascenso Cº Aconcagua (Ruta Normal) - 8 al 20 de febrero

Relato de Carlos Dobal.

Terminada la expedición al Cerro Plata, Carolina (increíble alemanita de 16 años que parece saltar de montaña en montaña con absoluta facilidad, tal como vino haciendo desde pequeña en sus Alpes natales), Adrián (40 años, fornido, pinta de vikingo) y yo, Carlos (54 años, deseoso de conocer los campamentos de altura donde convive gente de todo el mundo), nos embarcamos en la exigente expedición de desafiar al coloso de América.
 Adrián y yo vivimos en Rufino, Santa Fé, donde los cerros más altos son los hormigueros. Nos acompañan y dirigen los guías Damián y Jorge que serán nuestros ángeles guardianes durante las próximas semanas.
Previo aprovisionamiento de víveres en Uspallata arribamos al refugio Cruz de Caña en Penitentes, allí armaremos mochilas y demás enseres necesarios para sobrellevar la estada en alta montaña: Jorge cuenta y recuenta paquetes de fideos, sopas y jugos y Damián se concentra en grampones, carpas y calentadores para que todo quede perfecto y funcione cuando se necesite.
Coincidimos en esta etapa con un grupo de rosarinos que irán a Plaza Francia a admirar la imponente pared sur del Aconcagua, vía de ascenso sólo para un puñado de extraordinarios y muy, muy osados montañistas.
En Horcones (ruta 7, cerca del límite con Chile) nos presentamos al Guardaparques quien toma nota de los visitantes y de las excursiones que van a emprender. Nos hace entrega a cada uno de bolsas “numeradas” para recolectar nuestros residuos: tal celo por la limpieza y cuidado del ambiente es compatible con el número de visitantes que recibe el Parque Provincial Aconcagua: más de 7000 al año !!
Comenzamos subiendo a Confluencia (3441 msnm), acompañados por el río Horcones, al que cruzamos a poco de andar por un bello puente colgante.
En Confluencia nos reciben Anita y Maru, que se reiteran en atenciones y buenas comidas, matizadas con los desopilantes cuentos y chistes del rosarino Colo.
A la mañana siguiente nos separamos del grupo de rosarinos y emprendemos nuestra marcha a Plaza de Mulas (4381 m) . Durante la misma cruzamos varios grupos de arrieros con sus mulas subiendo y bajando cargas de los montañistas.
Atravesamos la “interminable” Playa Ancha, limitada en sus extremos por Piedra Grande (3580 m) y Piedra Ibañes (3796 m). Más adelante, en Plaza de Mulas Inferior (4116 m), arranca la Cuesta Brava que medirá nuestras fuerzas y nos depositará en la tan mentada Plaza de Mulas.
El desordenado conglomerado de carpas,  senderos,  baños letrina,  prestadores de servicios y personas de todos lados … es enorme para el sitio donde se encuentra, y más imponente de lo que uno pueda imaginar. Parece mentira que tanta gente se concentre en un sitio tan inhóspito para tratar de alcanzar el sueño de vencer a una simple montaña.
En Mulas descansamos un día entero y nos aclimatamos a la altura; nos atienden a cuerpo de rey: Pablo y Teresa que compiten por alimentarnos de la mejor manera.
Guardaparques nos hace entrega de la “bolsa para deposiciones sólidas” que, indefectiblemente, deberemos usar en los campamentos de altura y devolver al regreso.
También debemos visitar al médico del campamento que verificará nuestro estado de salud (presión y oxigenación sanguínea) y capacidades para enfrentar mayores alturas, autorizando entonces a continuar el ascenso.
Intentamos comunicarnos con vecinos de carpa que hablan idiomas inentendibles,  con gestos y gran esfuerzo alcanzamos a transmitir y comprender de nacionalidades, expectativas, experiencias, temores e historias que cada uno trae consigo.
Todo un tema es la hidratación: a 2000 m debemos beber 2 litros, a 3000 m 3 litros, y a 4000 m ya no se puede con la regla !! …  además tanto líquido después se orina, haciendo interminables los viajes al baño …  haciendo insoportable el asunto durante la noche en las carpas: cada quien resolverá el problema con la mayor cuota de ingenio y con algo de dignidad. La carpa terminará exponiendo nuestras intimidades de manera cruel, pero nada importará, pues el único objetivo es convivir y armonizar con la dureza de la montaña.
Damián sugiere hacer un porteo de víveres, vajilla, calentadores y grampones a los campamentos de altura para disponer de ellos durante el ascenso a la cumbre. Es así que con gran esfuerzo subimos a Canadá (5068 m) y Cambio de Pendiente (5360 m), apelando a casi toda nuestra energía alcanzamos Nido de Cóndores (5585 m). El ascenso servirá para afianzar la aclimatación de quienes serán de la partida para llegar a la cumbre.
Los tres campamentos también nos asombran por su extensión y concentración de carpas, personas y Babel de lenguas. A estas alturas cada grupo de montañistas debe valerse por sí mismo y lograr sobrevivir en condiciones ambientales extremas.
Nuestro cansancio es generalizado, durante la marcha, para dar un paso hacemos una inspiración, a medida que nos vamos cansando para dar otro paso necesitamos dos inspiraciones,  cerca del agotamiento serán tres inspiraciones… y esta lógica hace que siempre podamos dar un paso más… será sólo cuestión de que nuestra mente siga deseando darlos.
En este punto, Damián nos recalca que es sumamente importante evaluar la reserva de energía para el regreso; las señales de nuestro propio cuerpo y la experiencia del guía harán que éste decida si estamos en condiciones de continuar ascendiendo. Recordemos que la mayoría de los accidentes se producen durante las bajadas.
En lo personal, en Nido de Cóndores culmina mi ascenso. Allí, mi mente completa la carga de imágenes y sensaciones que deseaba desde el inicio. Mis compañeros de expedición intentarán en los próximos 5 días alcanzar el campamento Berlín (6000 m)y la ansiada cumbre (6950 m); en un próximo relato contaremos si Carolina, Adrián, Jorge y Damián coronaron sus esfuerzos con la inigualable sensación de llegar a la cumbre!!
Vuelvo sobre mis pasos… desde Plaza de Mulas a Confluencia, Horcones, Penitentes, Mendoza, Rufino y así regresar a la vida común.
Agradezco nuevamente a Jorge y Damián el profesionalismo demostrado, y los cuidados y enseñanzas que tuvieron para con nosotros.
Estoy Pleno y Feliz con los míos en casa. Ya no pienso en comidas a la intemperie, en dormir sobre piedras duras, en la contradicción de tomar agua y orinar, en marchas bajo la nieve, en el esfuerzo de dar el siguiente paso… sólo pienso en mi próxima salida a una montaña… Carlos

Confluencia (3441m)
Plaza de Mulas (4381m)
Vista de Plaza de Mulas
Canadá (5.068m)
Cambio de Pendiente (5360m)
Nido de Cóndores (5.585m)

 

Ultima Etapa: Ataque a la Cumbre

Por Adrián Arrigone

Jorge me pidió que reseñe algunas sensaciones de los últimos días de la expedición para concluir con el trabajo de escritor que comenzó Carlos. Por supuesto que no tengo la riqueza de sus prosas, pero voy a intentar aportar algunas de las sensaciones vividas.
Cuando Carlos tomó el camino de regreso, comenzamos nuestro ascenso final. Partí con algunas preocupaciones, mi salud estaba limitada: presión alta y un fuerte dolor de muela, casi me hacen desistir de esta última parte de la expedición; finalmente me medicaron para bajar la presión y así me permitieron ascender.
Continuando nuestro proceso de aclimatación hicimos una noche en Cambio de Pendiente y otra en Nido de Cóndores. Los cuatro (Damián, Jorge, Caro y Yo) en una misma carpa y, si bien no sobraba demasiado espacio, cada uno dió lo mejor de sí para que no existiera ningún tipo de roce a pesar que llevamos varios días de dormir en la piedra, caminar bastante, descansar poco y cada vez más lejos de darnos un baño.
La tercera noche de altura la pasamos en el campamento Berlín, a casi 6.000 mts. En un refugio de madera algo más grande que la carpa, Damián se encargó de adecuarlo para nuestra estadía.
En este nivel de altura comenzaron los primeros vómitos e insomnios. Después de una noche bastante mala llegó el tan esperado día de cumbre.
Para mí fue el día más duro, no me sentía lo suficientemente fuerte, el intenso frío y los fuertes vientos hicieron aún más duro el asalto. Partimos muy temprano, a la luz de la noche, luego de pasar Piedras Blancas y Piedras Negras tuve la sensación de que sería muy difícil llegar a la cumbre. Perdí la sensibilidad en mis manos por el intenso frío y estaba dos cambios más lento… todo era en cámara lenta… Damián tuvo que calzarme los grampones, no podía reaccionar. Tras un corto recorrido superamos el Refugio Independencia y arribamos al Portezuelo del Viento. Aquí decidimos dividir el grupo en dos: Damián y Caro se adelantarían para intentar primero la cumbre, mientras Jorge y yo seguiríamos a nuestro ritmo.
Continuamos la travesía, un largo recorrido con fuerte pendientes, el viento en contra fué desgastante para mí. Al llegar casi al final, me di cuenta que se me hacia imposible seguir avanzando a paso firme. Estaba deshidratado y sin fuerzas, la altura me había pegado demasiado. Pensé en mi familia, en los seres queridos y decidí priorizar mi salud: ésta era mi cumbre a unos 6.700 mts.
Mi regreso no fué sencillo, estaba agotado, mis movimientos eran torpes, pero poco a poco llegué al refugio Berlín. Jorge continúo el ascenso por la Canaleta con intención de intentar la cumbre y darle apoyo a Damián que estaba, por lo menos, una hora más adelante.
Muy cerca de alcanzar la cumbre Caro comenzó a sentirse mal, esto hizo que adelantaran el descenso por seguridad.
La noche nos encontró nuevamente en el campamento a los 6.000 mts., bastantes desanimados pero felices por haberlo intentado y convencidos de que dejamos todo en la montaña. Después de otra previsible mala noche, a la mañana siguiente regresamos al campamento base de Plaza de Mulas, donde hicimos noche y al día siguiente, bajamos a Horcones.
Quiero agradecer a Carlos y Caro, compañeros de aventura, también a los muchachos con los cuales compartimos la expedición al Plata.
A nuestros guías Damián y Jorge, cuyo trabajo fué excelente, con quienes logramos establecer una amistad.
También tengo claro que vamos por otra oportunidad de cima…Adrián.

Refugio Berlín (5.900 msnm)
Nido de Cóndores (5.585m)
Atardecer en  Plaza de Mulas
Atardecer en Nido de Cóndores
Camp. Plaza de Mulas
 


Itinerario completo de la Expedición Dos Siesmiles de América: click aqui